miércoles, 20 de septiembre de 2023

The VVitch como una alegoría de la libertad de la mujer

Una mujer sólo sale de su casa para servir a otra casa. Una mujer debe pedir disculpas por sus pecados. Una mujer nunca está sola, siempre está acompañada por sus pecados. Una mujer nunca es ella misma; es ella y su culpa. Si bien la confesión no la redimirá, por lo menos le hará más llevadera la vida en este mundo. Este es un mundo de hombres.


Al menos esa es la imagen que nos trasmite Robert Eggers, el director de The VVitch; una película fantástica (con tintes trágicos) sobre brujas y ambientada en Nueva Inglaterra del siglo XVII.


La historia se centra en la hija mayor en una familia puritana que ha sido expulsada de su comunidad. Thomasin no ha cometido ninguna falta ética, más bien su destino se ve trazado por una característica innata en ella: su cuerpo está dejando la pubertad y está a punto de ser mujer. La sociedad (representada por cada uno de los integrantes de su familia) la mira de reojo porque ella ha empezado a utilizar su voz para opinar sobre el mundo. Desde que empieza la película la vemos a ella; aunque su padre (William) sea el que tiene la voz, la cámara la enfoca a ella. 


La familia tiene que salir del pueblo para instalarse en un rancho y rehacer su vida. No tienen vacas y el maíz que siembran no se puede vender; pero sí tienen un bosque amplio que los hace verse pequeños. El bosque no es sólo una locación o una parte más de su granja; el bosque es uno de los personajes principales de la cinta. Y eso lo notamos en la música que cobra relevancia en las tomas panorámicas que cubren todo el bosque en su extensión: cuerdas y percusiones marcan el ritmo cardíaco de los árboles. Ahí hay vida pero también hay muerte y destrucción. 


Son estas tomas amplias las que nos ubican en la época de la historia: cuando dios y el diablo vivían juntos en el planeta Tierra, cuando la fantasía era una extensión de la realidad y éramos conscientes de que la naturaleza va más allá del ser humano. El bosque como símbolo de lo que no puede domar el hombre. “Vamos a conquistar este bosque. No nos consumirá”, le dice William a Caleb, su hijo mayor.


Ser mujer también es aceptar “el sentimiento materno” que, dicen, es natural en ti. Thomasin se ve alejada de él, y eso se ve reflejado en dos importantes escenas: la primera, y la que desata el conflicto en la granja, es cuando está jugando con su hermano Samuel –recién nacido y no bautizado– y este desaparece en el bosque; la segunda es cuando va a recoger los huevos del gallinero y se le cae el único que había mostrando en su interior un polluelo ya desarrollado y muerto.


Durante la película sólo vemos a las mujeres rezar de desesperación y confesandose ante dios; aceptando sus pecados. Mientras los hombres declaman el orden de las cosas: “Mi naturaleza corrupta, privada de gracia; se rinde ante el pecado, sólo ante el pecado, y lo hace continuamente”, dice Caleb –sin afectación ni muestra de remordimiento– a su padre mientras van a cazar al bosque. 


Caleb, que siente un deseo sexual hacia Thomasin, decide ayudarla cuando escucha decir a su madre (Katherine) que tienen que enviarla con otra familia a que les sirva (y así obtener dinero para sobrevivir). Así que decide ir al bosque por fruta. Thomasin lo acompaña. Dentro, Caleb es raptado por la bruja.


Katherine acusa a su hija mayor de todo. Ahora se ha vuelto la enemiga de todos. La única escapatoria que tiene Thomasin es Black Phillip, una cabra negra que representa al diablo. 


Al quedarse sola, después de que mueren todos los integrantes de su familia, Thomasin lo busca y le exige que le hable. Black Phillip le pregunta que qué quiere, ella le pregunta que qué es lo que le puede dar. Black Philllip contesta con un pregunta: ¿Te gustaría vivir de una manera... deliciosa?

Maña

Mi favorita ahora. Lo sé: Fue el ahora, sentada. (si te cuento, lo pensé) Esa tarde frente a la luz de tarde (con reminiscencias de otro día...