Ayer en la noche, a eso de las once p.m., mientras leía, una mosca se posó muy modestamente pero a la vez con gran maestría sobre la hoja que leía del libro. Me sorprendió mucho ver a una mosca a altas horas de la noche vagando por ahí, totalmente desfasada de las costumbres y usos horarios de su especie. Cerré con todas mis fuerzas el libro con el objetivo de aplastarla. Me daba miedo que, así como rompió los códigos de comportamiento de su comunidad, pudiera romper otras reglas impuestas a su condición de mosca; qué se yo, salir volando luego como si nada. Afortunadamente, eso no pasó y la mosca murió. Todo pasó, aunque después la moví a una servilleta y la seguí aplastando, no vaya a violar otras reglas impuestas, no sólo a su especie, sino a los seres vivos en general. Afortunadamente, eso no pasó. Pero qué falta de respeto.
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